Cércio, convivencia entre naturaleza y Douro en Tierras de Miranda

Cerca de 100 personas conoces la naturaleza salvaja de los arribes portugueses en Cércio (Miranda do Douro)

Cerca de cien personas realizan la tradicional marcha de Pascua en Cércio./ FALCAO

Cércio, una aldea de Miranda do Douro, se convirtió en este Sabado Santo, en epicentro de las caminadas/senderismo de los Arribes portugueses. En una jornada de temperatura primaveral, con una ligera brisa fresca, cerca de un centenar de personas, con el presidente de la Câmara Municipal de Miranda do Douro, Artur Nunes, a la cabeza, emprendieron descenso al Douro/Duero por senderos de herradura en su mayoría. Una caminata que duró cerca de tres horas y fue un reconstituvo físico para estos días de asueto y semivacaciones de Semana Santa.

Naturaleza salvaje, en muchos lugares virgen, en otro la mano del hombre creó cultivos -sobre todo olivos-, pero siempre en un estado primitivo donde surge el lirio y la retama, el roble y el enebro. En lo alto, los vuelos de las rapaces, a estas horas de la mañana, son el acompañante de los caminantes. El Duero/Douro, siempre el río al fondo del cañón. El cauce quieto que da inmensidad a las inmenas fayas de las laderas.

Mientras, en la plaza de la aldea un grupo de mujeres, y también hombre en la colaboración y preparación, realizan la comida. Tres inmensos potes de guiso de jabalí. El vaho de la cocción perfuma el fresco ambiente de la mañana. De ingredientes, mejor no decir los condimentos. Al final de la ebullición el potaje de carne y patatas sabía a gloria.

Es la convivencia -convivio dicen por aqui- de las gentes del lugar con los visitantes. Es el trato cordial entre unos y otros, la vida de casa que abre las puertas para salir a la calle y hacer hermandad. En el salón de la comunidad -de lucha de un pueblo por su dignidad que escribió también la historia de Cèrcio-, tiene lugar el almuerzo. Es la acción de gracias por la participación y la colaboración desinteresada de los vecinos.

Entre caminata y convivio, el viajero descendió a las cercanías del Duero, a un convento derruido donde moraban en total sintonía con la naturaleza un grupo de monjes… pero eso es sendero para otro viaje.

 

FOTOS LUIS FALCAO

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