Hoguera de mozos en Miranda do Douro, emancipación y costumbres

El 24 de diciembre es habitual en Miranda do Douro hacer la tradicional Fogueira do Galo -Hoguera del Gallo-, en la que los jóvenes acarrean la leña desde el monte hasta la plaza de la Sé con carros de bueyes, tirados por ellos mismos, donde no faltan las bromas, los cánticos, las chanzas y también la convivencia.

El Concejo de Miranda do Douro es, posiblemente, el más rico en ritos, tradiciones y, en suma, cultura ancestral. Pero si en algo destaca y trasciende más allá de su territorio es en sus mascaradas, su música, su lengua –el mirandés- y una serie de ritos que trascienden allende los tiempos y que sirven, a su vez, de convivencia en la colectividad.

Costumbres y ritos que son los componentes esenciales de la expresión de un conjunto de costumbres y ceremonias –muchas de ellas ligadas a la religión- e ideas anexas a la identidad única de estas comunidades del Planalto Mirandés. Ellas concretizan y materializan un conjunto de valores y significados que definen la esencia de los pueblos en cuyo seno se manifiestan. No debemos olvidar que todo este compendio de ritos no son más que costumbres o ceremonias que se repiten de forma invariable de acuerdo a un conjunto de normas ya establecidas por esa colectividad.

Nada mejor para comenzar el viaje acompañado por el presidente de la Câmara Municipal de Miranda do Douro, Artur Nunes. A pesar que prácticamente en todos los pueblos del Nordeste Transmontano existe la costumbre de prender la Fogueira do Galo, en la Nochebuena – Consoada, en portugués-, en Miranda do Douro esta tradición lleva consigo una circunstancia diferencial, como es el momento de la iniciación y emancipación de los mozos en edad juvenil, donde las mozas tienen prohibido participar.

La Fogueira do Galo

Los mozos acarrean la leña para la Hoguera del Gallo./ FALCAO

Los trabajos para confeccionar la Fogueira do Galo / Hoguera del Gallo, comienzan bien temprano, con el lanzamiento de cohetes al alba que sigue, igualmente, cuando los carros entran en el pueblo y cuando llegan a la Concatedral. Desde ese primer momento al alba, los mozos marchan al monte a disfrutar de una jornada de mucha juerga, de muchas bromas, de mucha convivencia y, de paso, manifestar su ‘hombría’. Pero también parar cortar leña y cargar los carros de bueyes -ahora los ‘bués’ son los propios mozos-, que serán tirados por los propios jóvenes hasta la plaza de la Sé y descargados para encender la lumbre.

Conviene destacar, en estos tiempos de igualdad de sexos y feminidades, que los trabajos en el campo para cortar la leña son vetados a las mozas, simplemente por una cuestión de recato y decoro, ya que durante toda la jornada desarrollada en el monte son muchos los momentos en que los mozos son puestos a prueba en su ‘masculinidad’, con la realización de limpieza de las ‘honras manchadas’. Este acto no es tan sólo un juego, sino que los mozos más jóvenes son desvestidos de la cintura para abajo y los más mayores le colocan tierra y musgo en los órganos genitales, con el consentimiento del grupo, es obvio. Estos rituales, según el investigador António María Mourinho, son «paganos y vienen de tiempos ancestrales, con el objetivo de probar si los mozos eran capaces de procrear».

Cargados los carros, comienza el desfile hasta la ciudad de Miranda do Douro, con cánticos y más juegos y bromas. Un alto en el camino para comer y beber durante la merienda, donde no falta la famosa ‘punheta de bacalao‘ -que viene a ser algo así, pero solo en la expresión no en la práctica, líquido seminal con bacalao… -, embutidos -que el viajero probó una miaja de chouriça y estaba como caída del cielo-, queso y pan todo regado con el buen vino transmontano.

Un viaje al casco histórico de Miranda do Douro donde los cánticos de los mozos y toda la caravana de carros de madera, con su rechinar característico, atraen a los cientos de mirandeses y turistas al centro de la ciudad, que quedan admirados con esta costumbre navideña. Siempre en Nochebuena.

Este año ha existido una bonita novedad ya que los niños de 7 y 8 años, acompañados por los mayores, se estrenaron en esta tradición. Circunstancia básica para que las tradiciones más ancestrales sigan vigentes y se transmitan en el devenir de los tiempos.

Nochebuena / Consoada

Como en todas partes del mundo cristiano occidental, existen las cenas familiares y también los actos religiosos de rigor. Antes, en el comienzo de la noche, la hoguera es encendida, sin que nadie desvele quién la prendió. Ya a medianoche, tiene lugar la misa del Gallo. Los mirandeses acuden a esta eucaristía, pero también a ver la hoguera, el nacimiento, besar al Niño Jesús y escuchar a los jóvenes cantar versiones tradicionales del beso del Niño, algo así como los villancicos. Aquí se llaman  las “lhonas” ao Menino. Que no son más que cantigas religiosas convertidas en un vocabulario poco ortodoxo para los curas.

Tradiciones en el Planalto Mirandés

Los mozos tiran de los carros de bueyes cargados con leña para la Hoguera del Gallo./ FALCAO

Recorrer el Concejo de Miranda durante el Solsticio de Invierno es salir al encuentro de la vida que parece regresar, con el acontecer del tiempo, a sus orígenes, a la tierra de la que llevamos un puñado escondido en un rincón de nuestro corazón. La tierra transmontana de ricas vivencias comunitarias que comienzan a manifestarse. Aconteceres fruto de orígenes plurales, nobles y populares, mestizaje con un objetivo retinto peculiar en el que te interesas por todos y donde todos intentan consolidar la felicidad de cada uno de los nuestros.

De los almendros y castaños, a medida que Trás-os-Montes se arrima al Duero, las gentes abren sus puertas y ponen la mesa donde cada transmontano se muestra como es. Las puertas, de arcaicos cerrojos, están siempre abiertas para los amigos que entran. Hablar de tierra es hablar de este rincón a dos aguas entre España y Portugal. De estos montes brota de todo, aguas milagrosas –porque todo Portugal es un milagro–, frías unas, gasificadas otras de ríos subterráneos de una sabana plena de arroyos profundos.

Los pueblos, aldeas nacidas de una inteligencia generada entre la necesidad de supervivencia y el deseo de expandir su espíritu generoso por los recovecos internos de una existencia efímera. Trás-os-Montes es una cultura que mana de la fecundidad que imprime la tierra, del rigor de la estructura de una historia que incuban unas gentes que nos hablan de abundancia de testimonios marcados a fuego y cincel en las piedras de granito que dan carácter a un patrimonio gris, rico y en consonancia con la armonía arquitectónica y cultura de estos pueblos y estas gentes.

Y sigue la fiesta alrededor de la Hoguera del Gallo con la música de la gaita de foles, la caja y el bombo y, si tercia, también el baile de unos lazos por parte de los pauliteiros -como hicieron al finalizar el acarreo de la leña-. Todo ello en una total convivencia entre todos los presentes que, de esta forma, cierran la jornada para esperar, ya en días sucesivos, los caretos y mascaradas de las aldeas. Reza la historia que esta hoguera tiene que estar prendida hasta el día de Reyes .Pero eso, como la niebla que acompañó al viajero en su regreso a la ciudad del Lazarillo de Tormes, son gotas de agua suspendidas en el aire de los tiempos, cachis!

REPORTAJE GRÁFICO LUIS FALCÃO

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