Turismo rural en Mogadouro (Portugal), importante patrimonio arquitectónico para visitar

El concejo de Mogadouro, en frontera con la provincia de Salamanca dividida por el río Duero, posiblemente sea el territorio con mayor variedad e interés en el patrimonio arquitectónico que se pierde por sus vastos parajes. NOTICIASCYL/Jornal da Raia acerca un recorrido pleno de las muestras más singulares y atractivas.

FuenteLuis Falcão | @luischiado
Torre del Reloj y Fortaleza de Mogadouro
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Visitar Mogadouro y sus aldeas es ir siempre al encuentro de rincones subyugantes que hablan de una profunda historia por la que pasaron diversos pueblos y que, entre unos y los otros, hicieron de este territorio bañado por el río Duero -que hace de frontera con la provincia de Salamanca (España)- un lugar que, si bien alejado de las grandes rutas turísticas, entraña emociones, arte, diferencia, autenticidad y, en la mayoría de las ocasiones, un patrimonio edificado, y natural, que aún conserva su autenticidad más rancia. Dispersos por el concejo, los castros, las iglesias con orígenes románicos como Algosinho y Azinhoso, los pelourinhos, y las propias construcciones tradicionales de piedra que se pueden encontrar por las aldeas del concejo, sin duda son marcas identificativas de un patrimonio amplio y extremadamente rico.

Mogadouro, villa señorial

Mogadouro. Convento de San Francisco, hoy Cámara Municipal

Comienza este vieje en la propia villa de Mogadouro, un poblado antiguo anterior a la fundación del Condado Portugués. Esta ciudad, como todo su concejo, es heredera de una historia antigua, en la que se pueden observar muchos vestigios de la presencia de los pueblos que habitaron desde tiempos prehistóricos. Recorriendo superficialmente su historia, de la que depende todo su vasto patrimonio, tras el paso de los pueblos prerromanos, esta fue ocupada por los romanos, dominada después por los visigodos hasta ser conquistada por los árabes. Con la reconquista cristiana de la Península Ibérica, el Reino de Portugal toma posesión de la región, en tiempos de D. Afonso Henriques, quien entregó después la ciudad a los templarios, sobre 1145.

En 1772, D. Afonso III concedió el primer fuero a Mogadouro, siendo renovado el año siguiente. Más tarde, en 1512, D. Manuel otorgó nuevo fuero. En 1433, la villa de Mogadouro es donada a Álvaro Pires de Távora, pasando a estar desde entonces ligada a la familia de los Távoras, quienes obtuvieron el título de marqueses, con lo que consiguió un influyente papel en la región. Pero solo a partir del siglo XVI Mogadouro tuvo algún hecho de relevancia arquitectónica, cuando los Távoras, tomando el control de la villa y de su fortaleza, comienza el desarrollo de la misma. Es la Fundación de la Santa Casa da Misericordia y su templo, el puente de Valverde y Meirinhos o el puente de Remondes entre Mogadouro y Macedo de Cavaleiros, además de múltiples iglesias y ermitas.

Desde aquellos tiempos hasta hoy, es indispensable una visita al centro histórico de esta preciosa villa de frontera, donde se encuentran el Castillo, la iglesia Matriz románica a pesar de haber sido sustituida por el templo que hoy se aprecia en el centro de la villa, la capilla de la Misericordia, el Pelourinho, el Solar dos Pegados y el Convento de San Francisco, hoy Câmara Municipal, y contiguo a la iglesia del mismo nombre, cuya fundación se remite a las primeras décadas del siglo XVII y se debe a D. Luis Álvares de Távora.

Fortaleza y Torre del Reloj en el castillo de Mogadouro

El viajero se adentra en la villa de Mogadouro, cita indispensable para conocer su amplio patrimonio -en su mayoría sacro- ligado a su fecunda historia. Un viaje que se inicia en el centro histórico de la ciudad donde destaca, altivo en el cerro, el Castillo junto a la Torre del Homenaje que le hace compañía. Dos monumentos que se convierten en santo y seña del municipio. Su identidad. Un castillo que fue clasificado como Monumento Nacional el 2 de enero de 1946. Un ejemplo característico de la arquitectura militar medieval, en granito con mortero de barro, del que se conservan dos planos de muralla. La torre que presenta planta cuadrada, tiene como vecina otra torre de construcción más reciente, también con la misma planta, la Torre del Reloj. Un poco más abajo se encuentran los restos de la muralla que rodeaban la primitiva villa de Mogadouro.

Se desconoce la fecha exacta del origen del castillo, aunque en excavaciones recientes se ha encontrado indicios de ocupación de la época romana, lo que indica que puede tener relación con un primitivo poblado prerromano. Lo cierto es que el castillo ya existía en 1145, cuando fue donado a la Orden del Temple por Fernando Mendes de Bragança, junto a la fortaleza de Penas Roias. La destrucción de todo este complejo arquitectónico, que en el s. XVIII aún se llamaba ‘Palacio, al que llaman castillo’, se desarrolló a lo largo de la época moderna acentuándose en los últimos siglos, llegando a la actualidad con un considerable estado de ruina.

Pelourinho de Mogadouro

En el mismo enclave del castillo se encuentra la Iglesia de la Misericordia, levantada en la segunda mitad del siglo XVI -1559-, año de la fundación de la Santa Casa da Misericórdia en Mogadouro. Edificio barroco, con planta rectangular formada por una nave y la capilla mayor, sacristía y un anexo, todos rectangulares. En la misma explanada se encuentra el Pelourinho de Mogadouro, del que se desconoce su edad, se erige sobre tres peldaños cuadrangulares, sobre los que se asienta la base de la columna formada por tres círculos octogonales y por el eje de sección octogonal. Del capitel salen cuatro brazos, formando una cruz griega y el remate en forma de pirámide está decorado por dos conjuntos de medias esferas. Al otro lado del castillo, en su entrada norte, se encuentra la Iglesia Matriz de Mogadouro, de estilo gótico, construida en el siglo XVI sobre una iglesia más pequeña y, puede ser que esta última sobre una románica. De planta logitudinal, la forman tres naves, separadas por arcos quebrados y sostenidos en capiteles de la orden toscana, y capilla mayor con bóbeda gótica. El retablo del altar mayor está confeccionado en talla dorada.

Descendemos hacia la zona más nueva de la ciudad hasta encontrarnos con la Iglesia y Convento de San Francisco que, tras sufrir dos incendios, a finales del s. XIX e inicios del XX, las instalaciones del convento acogieron obras de reforma y restauración, y, a partir de 1971, albergan las instalaciones de la Câmara Municipal de Mogadouro. Antecediendo en el tiempo, esta iglesia fue edificada en el siglo XVII, siendo edificado el Convento en el s. XV. El estilo de las iglesias de la Orden de los Franciscanos se desarrolla en planta de cruz latina con tres naves, capilla mayor y sacristía. La fachada es manierista, destacando por su verticalidad y por su trazado perfecto. Finalmente, en la avenida principal que lleva el mismo nombre, se encuentra la capilla de Nuestra Señora del Camino, patrona de la villa, que fue edificada en el siglo XVII, sufriendo diversas reformas en el transcurso de los tiempos. La actual configuración se obtuvo con las obras realizadas en el siglo XIX.

Concejo de Mogadouro, rico patrimonio religioso

Mogadouro. Monóptero de San Gonzalo

El viajero deja el municipio de Mogadouro y por la EN219 se encamina al encuentro del enigmático Monóptero de São Gonçalo. Tras abandonar la carretera que va a Vimioso-Bragança, se adentra por un camino de monte bajo en la inmensa finca de los Távoras. De por medio, salen al encuentro palomares, pequeñas construcciones de piedra que por este lado se les llaman casitas o chozos. Debemos estar atentos, porque en el camino pasa como desapercibida una puerta que permite el acceso al Monóptero. Situado en el mismo lugar donde también se levantaba una ermita con invocación al mismo santo, construido alrededor de 1571, este templo se encontraba ya bastante derruido en 1720. Situado en la Quinta Nova, en la confluencia con la Quinta da Nogueira, cerca del Arroyo de São Gonçalo, envolviéndolo un área circular pavimentada con pequeñas piedras sueltas. El Padre Agustinho Dias da Silva escribe que, en el mismo lugar, se había levantado a expensas de la población, otro edificio para albergar la imagen de San Gonzalo que coincide con el Monóptero de San Gonzalo y cuya construcción debe situarse, aproximadamente, en esa época. En la época de los Távoras, la Quinta da Nogueira fue una gran reserva de caza, juzgando que la construcción del Monóptero sería un lugar de refugio de los cazadores, donde oraban y agradecían la cacería.

Capitel del Monóptero

El Monóptero es un edificio de arquitectura civil, barroca, de planta circular, marcada por columna salomónica con capiteles jónicos, rematada por una cornisa hueca con balaustrada y cobertura en forma de cúpula de ladrillo. Se levantan seis plintos en forma de paralepípedo que soportan las seis columnas salomónicas de 1.90m de altura, coronada por capitel jónico y ábaco. En el interior, en el centro de la base de losa, hay una concavidad rectangular, donde estaría implantada la base de la imagen de San Gonzalo, se cree que fue robado y llevado a un pueblo cercano.

Dejamos atrás la inmensa finca de los Távoras para encaminarnos a Penas Roias. Llegamos tras subir una pronunciada pendiente tras bajar su contraria hasta topar con la Ribeira de Bastelos que hace de embalse para abastecer de agua al municipio de Mogadouro y a muchas de sus freguesías y aldeas. Además de convertirse en una auténtica albufera donde viven diversas aves y mamíferos. Llegados a Penas Roias lo que sobresale sobre todos las demás edificaciones es una de las más importantes fortalezas medievales de Trás-os-Montes dado el papel que desempeñó en el siglo XII, en un periodo de nacimiento del reino de Portugal, su castillo o fortaleza. Asentada sobre el afloramiento granítico y localizada en el interior de un patio amurallado, la torre estaba articulada en tres pisos o alturas, efectuándose el acceso a la misma a través de una puerta elevada. El enclave del castillo fue donado en 1145 a la Orden de los Templarios por Fernão Mendes de Braganza, cuñado del monarca Afonso Henriques, existiendo por lo que parece ya en estos momentos un primitivo reducto defensivo, acaso de origen leonés como parecen sugerirlo los torreones circulares visibles aún en el sitio. Bajo la protección de los templarios, el castillo completó su estampa con la construcción de su colosal torre de homenaje de sección cuadrangular. La fecha de 1172 grabada en su estructura refrenda su construcción, que podría haber estado comandada directamente por el maestro templario Gualdim Pais.

Castillo templario de Penas Roias en el concejo de Mogadouro

A pesar de su actual estado ruinoso, el Castillo de Penas Roias lució en el pasado una poderosa muralla, representada en el diseño ejecutado por Duarte d´Armas, escudero de la Casa Real, diseñador y autor del importante Livro das Fortalezas realizado a inicios del siglo XVI, concretamente entre 1509 y 1510. Se trata, pues, de una edificación singular que integró a lo largo de su historia los patrimonios de la Corona portuguesa, la orden de los Templarios, la orden de Cristo e incluso los de algunos importantes linajes de la región, como el de los Alcoforado o los Távoras. Duró hasta el siglo XVIII en que se consumó su derrumbe. Desde el mismo se observa un extenso territorio defensivo de la frontera, ya que englobaba la red defensiva de Freixo de Espada à Cinta, Mogadouro, Penas Roias, Algoso, Vimioso, Bragança y Vinhais.

Gravura de Duarte d’Armas no Livro das Fortalezas

Descendemos del cerro de Penas Roias para adentrarnos en un terreno jalonado por fuentes –como la Fonte de Pedra- que hablan de la abundancia de agua subterránea imprescindible en estos territorios de pueblos sedentarios de escasos recursos y azotados por las continuas guerras, seguimos el curso, seco, de la Ribeira de Bastelos. En la carretera, un cabrero con su rebaño avanza a la búsqueda de los pastos resecados en estos tiempos de sequías. Pequeñas huertas donde se cultivan frutales, legumbres y pastan algunas vacas mirandesas, llegamos a Azinhoso, donde encontramos los lavaderos comunitarios de la aldea así como la Fonte de Vilar, de agua refrescante y cristalina y la fuente de la que, antaño, se abastecían los habitantes a la que acudían con sus cántaros. Pero nosotros vamos buscando su iglesia y el pelourinho.

Interior de la iglesia de Azinhoso

En 1386, D. Juan I le concedió la dignidad de Villa, beneficiando así a la iglesia de Santa María de Azinhoso (S. XIII), de estilo románico – gótico, por ser lugar de mucha devoción y una de las romerías medievales más importantes situadas al norte del Duero. Cuenta la historia que aquí estuvo D. Nuno Álvares Pereira (el Santo Condestable) en el S. XIV, cuando peregrinó a diversos santuarios marianos, donando un relicario que todavía hoy se conserva en la iglesia. Templo clasificado como Inmueble de Interés Público desde 1962, su edificación fue por iniciativa de los templarios establecidos en la vecina población de Penas Roias.

Cerca de la iglesia se encuentra el Pelourinho, con cerca de 5 metros, eje redondo, peldaños en forma de pirámide cuadrangular y tres alturas. Es el símbolo de la autonomía municipal otorgada por D. Manuel en el nuevo fuero de 1520. Es semejante a los vecinos pelourinhos de Mogadouro y Bemposta.

El pueblo también posee un castillo con restos de murallas reforzadas por la topografía del terreno, en un estado de conservación regular, configurando un lugar de difícil acceso pero visitable. Además por este poblado pasa una de las rutas portuguesas más famosas de BTT y también se encuentra en este lugar el aeródromo deportivo de Mogadouro que a finales de julio celebra el Festival Air Burros.

Capilla de San Facundo en Urrós

Cruzamos la IC5 y salimos hacia Urrós y Bemposta. Es el inicio del Trilho (sendero) de São Facundo. Seguimos dirección a Torre Sineira y el Museo Rural de Urrós –exposición de  objetos asociados al cultivo de cereales y su transformación en pan-, no sin antes toparnos con el ‘Caramono’, una simpática piedra con ojos y boca que simula un mono por donde, en época de lluvia intensa, escupe agua. Su dueño, todo feliz porque el viajero fotografío su ‘Caramono’. Adentrándonos en un camino rural llegamos a las ruinas de la Capela de São Fagundo, un antiguo templo medieval que aún mantiene intactos el muro frontal y el arco triunfal de la capilla mayor. En los alrededores es posible encontrar algunas sepulturas medievales excavadas en la roca, un conjunto arquitectónico dominado por la Necrópolis de São Fagundo, y también las huellas de los árabes, pequeños hoyuelos y huellas grabadas en el granito, en un campo alejado del mundanal ruido, con el río Duero en los bajos y España en los altos del horizonte.

Pinturas renacentistas en la ermita del Santo Cristo de Bemposta

La última etapa matinal la haremos en Bemposta, que mira altanera a la vecina España donde saluda Villarino de los Aires. La freguesía de Bemposta aún guarda interesantes rincones de la arquitectura popular fundamentada en la piedra y la madera. En la parte más alta del pueblo, junto al mirador y la Capilla de Santa Bárbara –con unas perspectivas del paisaje de frontera espectaculares- se encuentra la iglesia parroquial de Bemposta. Se construyó en el siglo XVI, aunque fue reconstruida en el XVII. Lo más llamativo de la fachada es la magnífica espadaña construida en mampostería y rematada por un campanil de hierro forjado. Tiene planta de cruz latina, con dos capillas laterales, y numerosos retablos en el interior, que curiosamente tienen fondo blanco y están decorados con pan de oro, como el del Purgatorio, Ntra Sra de Fátima, Ntra Sra de las Nieves, y un notable Cristo Crucificado de pequeño tamaño realizado en piedra, de época románica.

Pelourinho de Bemposta con el Chocalheiro

Pero Bemposta tiene mucho más patrimonio como es su ermita del Santo Cristo con pinturas murales renacentistas, pues en las imágenes pintadas es visible el efecto de profundidad por el empleo de la perspectiva y por representación del movimiento, recientemente restauradas. Estas pinturas representan las 14 estaciones de la Pasión. Pero también la capilla de San Sebastián, las fuentes de agua y sus murallas, mandadas construir por D. Dinis, de las que apenas quedan vestigios, que dan cuenta de la resistencia de la población a las invasiones.

Y, finalmente, el Pelourinho con base circular sobre dos escalones cuadrangulares. El eje es liso y cilíndrico formado por dos bloques de alturas desiguales. En lo alto pueden vislumbrarse restos de un escudo en relieve con las armas nacionales. Fue declarado Patrimonio el 11 de noviembre de 1933.

El viajero hace un alto para comer. Mogadouro y su concejo también es patrimonio gastronómico, con restaurantes y platos para todos los gustos y bolsillos, elaborados con productos de primera calidad producidos en el concejo.

Palacios, castros y ermitas de frontera

Palacio de Pimentel o Solar dos Pimenteis en Castelo Branco, concejo de Mogadouro

Ya en la tarde, y siguiendo con la compañía de Ilídio –Protección Civil de Mogadouro que hace de guía- y Manuel –arqueólogo del Museo de Mogadouro- el viajero emprende camino de Castelo Branco, ya en el sur del concejo.

Castelo Branco y su Palacio dos Pimentéis o ‘Solar dos Pimentéis’, que tenía 365 puertas y ventanas, considerado una de las mayores residencias nobles transmontanas, el solar de la familia Pimentel es una construcción que se remonta, posiblemente, a la segunda mitad del siglo XVIII, inscribiéndose en la tipología más común de la arquitectura solariega setecentista, pero manifestando, en los elementos decorativos y recortes de las molduras de los marcos, un lenguaje rococó.

Cercana al pueblo se encuentra la capilla de Nossa Sr.ª da Vila Velha. Santuario de culto muy antiguo que a juzgar por los vestigios encontrados, cristianiza las ruinas de un castro luso-romano allí existente. Llama la atención un enorme y atractivo árbol que semeja a esas llamadas ‘catedrales naturales’.

Salimos hacia Vilarinho dos Galegos, en cuyo núcleo poblacional se encuentra una ‘porca’ o verraco procedente del castro, así como una iglesia cuyo interés se centra en las pinturas y sus retablos. Pero el destino del viajero es el Castro de Vilarinho dos Galegos también conocido como ‘Castro dos Moros’. Saliendo del municipio, recorremos un camino donde son abundantes los olivares y los viñedos tan importantes en esta región del Duero. Llegados al lugar, antes de centrarnos en su restos arqueológicos, encontramos, más adelante, un mirador natural sobre el río Duero, en la Fraga/Faya do Calço. Un auténtico placer el disfrute de la naturaleza más salvaje y voraz donde se confunden las distancias.

Castro dos Moros en Vilarinho dos Galegos

El castro, un poblado fortificado, posee una razonable implantación estratégica, controlando visualmente una gran extensión del río Duero y presenta buenas condiciones defensivas naturales, siendo apenas accesible por el noroeste. En esta zona de acceso se encuentran las estructuras defensivas. En la parte superior presenta un torreón circular, del cual sale la única línea amurallada del poblado. Además, frente al foso, aún visible, se encuentra un gran campo de piedras hincadas, quizás sea la parte mejor conservada de las estructuras. En el interior del poblado los materiales son escasos, habiendo cerámicas manuales de la Edad del Hierro y algunas otras de época romana.

Impresinante cúpula de la Resurrección en la capilla del Señor de la Buena Muerte en Ventozelo

Seguimos nuestra ruta sin dejar el lugar administrativo, la Junta de Freguesías de Ventoselo y Vilarinho dos Galegos. Estamos en pleno territorio rayano, con el Duero al fondo del cañón que hace de frontera natural entre las poblaciones salmantinas de Aldeadávila de la Riera y Masueco y este hermoso territorio portugués. Llegado a Ventoselo –donde dicen que el Duero tiene su mínima anchura- nos dirigimos a un pulcro templo, al que llaman Capela do Senhor da Boa Morte. Un auténtico museo de Semana Santa, con cada estación de la Pasión en un altar diferenciado, donde esculturas sacras policromadas y vestidas escenifican la Vía Sacra. El retablo central, donde convergen las estaciones, corresponde a Jesús muerto en la Cruz y en su sepulcro. Y arriba, en la cúpula, como bendiciendo con sus manos abiertas, mira hacia abajo el Resucitado. Imagen que, cuentan al viajero, en una ocasión se desplomó sobre el cura cuando decía misa y solo se rompió un dedo el Cristo…, del cura nada dicen. Esta cúpula cuenta con una interesante pintura de la Gloria. En este lugar, coqueto y sugerente, todo huele a cerrado, sacristía, pulcritud, limpieza y orden.

Seguimos camino hasta llegar a Algosinho, última etapa y lugar de culto arquitectónico. Otro pueblo característico de la Raya. De interés arquitectónico rural y con no más de 20 habitantes viviendo en el mismo. Es la despoblación cabalgante. Pero Algosinho, para los visitantes, y también para sus habitantes, aunque sean pocos, tiene una joya del arte románico, de altísimo valor arquitectónico e histórico. La Iglesia de San Andrés.

Iglesia románica de Algosinho, una joya arquitectónica

Esta iglesia, que se cree pertenece de finales del siglo XIII o principios del XIV, pero solo sabemos que en el S. XVI formaba parte del monasterio de Castro de Avelãs, se compone de nave única y cabecera cuadrangular. La nave presenta cubierta de madera vista y se divide en tres tramos separados por arcos de diafragma de medio punto, que a su vez se asientan sobre pilastras decoradas con motivos vegetales y garras. La cornisa está sustentada por canecillos tanto lisos como figurados, con motivos antropomorfos, zoomorfos y geométricos. La fachada principal se corona por una pequeña espadaña y conserva cuatro ménsulas pertenecientes a un antiguo pórtico. En ella se abre un vano con arco de medio punto, mostrando una celosía en forma de estrella de seis puntas sobre un pequeño triángulo invertido. La portada, de arco apuntado y dos arquivoltas con molduras, se asienta en impostas salientes. Otra portada similar se dispone en la fachada sur, aunque sin molduras.

Mas que iglesia, parece un templo donde también estuvieron los templarios

El piso de la nave se dispone en un nivel inferior al del exterior, por lo que el acceso debe realizarse a través de una escalera. Una vez dentro, en el lado del evangelio podemos encontrar la pila bautismal de copa hemisférica y el púlpito, elevado sobre una ménsula con decoración geométrica. Por otro lado, en las paredes laterales del arco triunfal existen pinturas murales de Santa Catalina y San Bartolomé, enmarcadas por una moldura de motivos vegetales. Es muy destacable el retablo mayor manierista, compuesto por seis paneles divididos por columnas corintias y frisos con querubines. Además, también se sabe que perteneció a los templarios, donde se observan tréboles de cuatro hojas esculpidos en las rocas interiores. Una auténtica joya del románico que merece visitarse.

Y regresamos a Mogadouro por donde hemos venido… La ciudad nos espera cuando el sol parece desplomarse, con sus tonos rojizos que levantan el rizo en estos otoños ya de verano, por los acordeones que se abren y cierran en las ondulaciones del horizonte. El Duero culebrea entre montes, fallas y bancales, y nosotros tomamos asiento para degustar una cena que no nos puede dejar indiferentes. Porque Mogadouro y su concejo es susceptible de poder visitar más patrimonio, como quien dice escondido al gran público y perdido entre estos vastos territorios. El viajero aconseja contactar con la Oficina de Turismo para programar visitas y acceder al interior de las iglesias.

Época de Funcionamento: todo el año
Horário de Funcionamento: Invierno: 09:00h – 17:30h / Verano: 09:30h – 18:30h    Dirección: Casa das Artes e Oficios (parque de la villa)
Avª dos Comandos, 5200-206 Mogadouro / Telefone: (+351) 279 340 501 / E-mail: turismo@mogadouro.pt

Decía Martin Buber que “todos los viajes tienen destinos secretos sobre los que el viajero nada sabe”. Y Mogadouro tiene secretos que el viajero debe descubrir, ay!

REPORTAJE GRÁFICO LUIS FALCÃO

Capilla de San Facundo en Urrós

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Capitel del Monóptero

Mogadouro. Convento de San Francisco, hoy Cámara Municipal

Torre del Reloj y Fortaleza de Mogadouro

Palacio de Pimentel o Solar dos Pimenteis en Castelo Branco, concejo de Mogadouro

Mas que iglesia, parece un templo donde también estuvieron los templarios

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